Zoológicos, ¿sí o no?

24 de septiembre de 2021

Todo amante por los animales se ha hecho esta pregunta en alguna ocasión y, aunque el blog trate sobre felinos, me parece un tema del que sería interesante hablar y que también les afecta. Hay quienes están a favor, a favor con condiciones o totalmente en contra y a lo largo de este artículo me gustaría poder abordar tanto su historia, como sus pros y sus contras, otras alternativas y el futuro de los zoológicos.Para comenzar, quiero dejar claro que nuestra percepción de los animales ha cambiado a lo largo de los siglos y ha evolucionado considerablemente hasta el pensamiento de conservación y preservación de la vida que tenemos hoy en día.

Pero antes de llegar al día presente nos remontaremos un poco más atrás en la historia. Hace miles de años, en el paleolítico, los animales únicamente se utilizaban para tres cosas: comida, ropa y caza. No fue hasta mucho más adelante, en las civilizaciones egipcia y china que comenzaron a ver a las especies como animales exóticos dignos de exposición y poder a los que solo los más adinerados, o de alto prestigio, tenían acceso.

Los griegos, caracterizados por su ansia de sabiduría y pioneros en muchas disciplinas, fueron los primeros creadores de los zoológicos con fines educativos. Algunos filósofos como Pitágoras, que además era vegetariano, o Plutarco, son conocidos como los primeros que lucharon por los derechos de los animales.

Los romanos, por otra parte, aunque fueran conocidos por introducir animales fieros tales como tigres o leones en sus juegos, se tiene constancia, por algunas escrituras, que tenían conocimientos de manejo y de cuidado de los animales que utilizaban.

Sin embargo, no podemos decir que avanzáramos durante la edad media. En el siglo VIII con Carlomagno se creó la primera casa de las fieras donde los ciudadanos podían ver batallas entre animales para su mero entretenimiento. Poco a poco, se fueron fundando en otros países como en Londres en 1204.

Con el descubrimiento de América en el S. XV, se encontraron numerosas especies en el Nuevo Mundo y se enviaron a Europa para su exposición. En 1519 se descubrió que, en Moctezuma, México, también tenían su propia casa de las fieras.

Esto continuó a lo largo de los siglos, pues Luis XIV creó el suyo propio en Vincennes. Carlos III creó el del Retiro de Madrid donde se podían apreciar monos, jirafas, osos polares o elefantes.

A pesar de esto, no podemos decir que a todo el mundo le gustaran estas luchas como entretenimiento, pues se cree que el primer jardín botánico y el primer zoológico, como lugar de exposición, y no de lucha, de América fueron creados en México por el Rey poeta Nezahualcóyotl en 1450. Aunque no se ha podido confirmar al cien por ciento, se han descubierto restos de animales que no vivían por aquella época en esa zona. Las crónicas de la conquista revelan que las distintas especies estaban divididas por sectores: una para aves y fieras y otra para peces de agua dulce y salada. Además, al contrario de lo que se hacía en Europa, no mostraban a los animales para expresar poder sino para venerarlos, aprender y educar a quienes los visitaban.

Un par de siglos más tarde, en el S. XVIII, exactamente en 1752, se comenzó a construir el que se conoce como el primer zoológico moderno: la Casa Imperial de Fieras en Viena; aunque no se abrió al público hasta 1765. Tras la revolución francesa se decretó que el jardín del rey en París, más conocido como Le Jardin des Plantes, fuera abierto al público.

Le siguieron el Zoológico de Londres en 1828, el de Dublín en 1831 o el de Nueva York en 1860. En Zaragoza se intentó crear un mini-zoo en el Parque Bruil en 1965, pero fracasó, sobre todo, tras gran la polémica por la muerte de los ejemplares debido a la falta de espacio, donde incluso intentaron solucionar comiéndose, literalmente, al jabalí que allí exponían. Finalmente, todos los ejemplares que sobrevivieron y que habían conseguido aclimatarse, fueron trasladados a otras instalaciones. En 1972, se clausuró la Casa de las fieras de Madrid y se llevaron al Zoológico de esta misma ciudad.

No podemos negar que en todos estos años se han realizado verdaderas atrocidades a los animales expuestos. Se les ha confinado en jaulas de pequeño tamaño, se les ha privado del alimento adecuado y no han sido tratados correctamente. Además, la tasa de especies vivas ha caído en los últimos 30 años a casi la mitad.

A pesar de todo esto, parece que la sociedad comienza a cambiar su forma de ver los ecosistemas, de cuidar tanto a la fauna como a la flora y está luchando por preservarlos, pues, actualmente, disponemos de distintos programas de conservación internacionales que evitan que las especies en mayor peligro de extinción desaparezcan.

Si bien es cierto que muchos de los zoológicos que podemos visitar hoy en día son privados y destinan el dinero recaudado en mantener a sus animales y, de paso, aumentar sus bolsillos, hay muchos otros que lo utilizan para investigación y preservación exclusivamente. Hace unos años, ignoro si continúa haciéndolo, el Zoológico Point Defiance Zoo & Aquarium en Estados Unidos permitía a sus visitantes elegir a qué proyecto de conservación querían destinar la mitad del dinero de su entrada. Una gran idea para incluir al público en esta ardua tarea.

Otras organizaciones, como las asociaciones de zoológicos, rigen, hoy día, los pasos a seguir para los distintos programas de conservación, reproducción y reintegración de todos los zoológicos adscritos a ellos. Cada vez son más los que se unen y, entre otras cosas, permiten los intercambios de especies entre zoos de todo el mundo, sin que haya compra-venta.

Existen varias organizaciones, como la WAZA (la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios), la EAZA (la Asociación Europea de Zoológicos y Acuarios) o AIZA (la Asociación Ibérica de Zoológicos y Acuarios), entre otras. Todos deben cumplir unos objetivos mínimos y son muy estrictos en el control del bienestar animal. Para ello, una de las normas básicas que deben cumplir es que los zoológicos deben ser instituciones científicas que promuevan la educación, el bienestar animal y que apoyen la conversación en vida salvaje.

La IUCN, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, se encarga de elaborar las llamadas «listas rojas» donde se pueden clasificar las especies en peligro de extinción en distintos grados de riesgo. La EAZA dispone de distintos programas de manejo de estas especies para aquellos zoológicos u organizaciones que pretendan criar y aumentar el número de ejemplares favoreciendo la tan importante diversidad genética.

Pero, ¿Qué es la diversidad genética? Se puede definir como «el número total de características genéticas dentro de una especie» y nos garantiza que los ejemplares puedan adaptarse y sobrevivir.

Los grandes zoológicos promueven la diversidad genética realizando los intercambios que antes comenté, ya que la venta de animales entre zoos es una práctica que se ha visto claramente reducida, e incluso rechazada, en los últimos años, con otros centros. Así promueven que la especie se siga manteniendo fuerte y sin problemas genéticos por consanguineidad. Si esto no se realizara y se permitiera la reproducción entre congéneres de la misma familia, ésta acabaría por extinguirse.

En el caso de la reintroducción de animales, este proceso es muy delicado y problemático. Ya no porque no carezcamos de ambientes naturales sino porque cada vez son mucho más pequeños. ¿Qué pasaría si reintroducimos a una familia de primates solo para que unos años más tarde mueran por falta de comida o refugio debido a la tala indiscriminada? ¿O la edificación? Muchas veces devolver a estos animales al mundo salvaje no es posible y es por este motivo que hay especies totalmente extintas en el medio salvaje y únicamente sobreviven gracias a los programas de reproducción de estos zoos. Eso sin contar esos individuos que, por haber sufrido ataques o por enfermedad, no pueden sobrevivir en vida salvaje y están destinados a vivir bajo el cuidado del ser humano.

¿Es realmente lo mejor? No. Lo ideal es que vivieran lejos del hombre, a su aire y felices y no encerrados entre cuatro paredes por muy grandes que éstas sean. Por este motivo existen las protectoras, reservas naturales y los santuarios. Lamentablemente la gran mayoría de estos lugares apenas reciben financiación y malviven a base de donativos y voluntarios.

Es por cosas como esta que se habla, y especula, del futuro de los zoológicos. Si sabemos que les hace falta más espacio y un contacto reducido, o nulo, con el hombre, ¿Cómo podemos conseguirlo? Ampliando las instalaciones, eso seguro. Pero ¿y las visitas? ¿Cómo conciencias y educas a la población sobre los peligros que corren estas especies sin que entre en contacto directo con los animales? Algunos han sugerido diversas alternativas, como crear altas pasarelas donde los visitantes puedan ver desde arriba sin molestar a los animales de abajo. Muchos sitios ya están construyendo miradores acristalados, tintados y totalmente insonorizados para que los animales no perciban a los visitantes, ni se estresen por ello.

Quizás ninguna de estas opciones sea la más adecuada, ya sea por espacio, dinero o falta de hábitat, pero, a la hora de la verdad, no existe ninguna, todavía, que sea cien por ciento válida.

Que las cosas deben cambiar mucho todavía, es un hecho. Que hay muchas personas que ignoran deliberadamente el bienestar animal en favor del dinero, es otro hecho, pues sabemos que existe el tráfico de animales exóticos.

Como individuos, entonces, ¿Qué podemos hacer? Bajo mi punto de vista, la única opción que tenemos es colaborar con aquellos que luchan por el correcto cuidado de los animales, salvajes o domésticos, aportando nuestro granito de arena, ya sea en forma de voluntariado, aportando donativos, o ambos.

Si conoces algún zoológico que luche por esto mismo, te invito a que lo nombres en los comentarios para que todos podamos conocerlo. Las visitas a estos tipos de zoológicos son vitales si queremos preservar a todas las especies protegidas.

Y por supuesto si tienes tu propia opinión, eres libre de aportarla.